Dentro de nuestros territorios, los Dule mantenemos prácticas tradicionales en el uso de la tierra y en armonía con el ambiente natural. La tecnología y materiales utilizados desde antes de la llegada de los europeos, aún siguen vigentes en la construcción de las viviendas, medios de transporte, pesca, cultivos, caza, ceremonias y ritos entre otros
[Kungiler Iguaniginape, 2003. Anmar Dule: Nosotros/as los/as Dule]
Luego de un largo recorrido por la Colombia indígena, encuentro que la mujer cuna es quizás una de las más bellas y elegantes de las mujeres indígenas de Colombia, además de ser sobria, altiva, seria, sabe guardar sus tradiciones y usar sus atuendos como si siempre estuviera de fiesta, carga a sus hijos y sus viandas por largos caminos...
[Oscar Salazar y Luis Guillermo Vallejo, 2000: 103. Surba Inna. Rito de iniciación femenina en la cultura cuna-tule. En Geografía Humana de Colombia. Variación biológica y cultural en Colombia. Tomo I. Bogota: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica]
neka ulu-kwa ai-nakkwa nеka par-ye
pela putikki nеka pir-mai-te-ti ukakka-se-ye
tulekala sipleleka priamamakke
tulekala sipleleka selekewichi
Lejos, alrededor de donde sale el cayuco del sol,
todo está lleno de niebla.
Las aves sipleleka se mueven.
Las aves sipleleka se van y se paran.
[Enrique Gómez, 1983. Los pueblos del camino de la locura. Canto chamanístico de la tradición cuna. Recopilado y presentado por Carlo Severi. En Amerindia (8): 129-180]
Así pues, “volverme indígena” me permitió descubrir una visión del mundo completamente distinta [...] y gracias a la cual pude hacer la crónica de unos eventos que, de otro modo, no hubiera podido tener en cuenta
[Edith Turner, 2005 (1992): 236. Entrenarse para ver lo que los indígenas ven. En Nerby J. y Huxley F. (Ed.). Chamanes a través de los tiempos. Barcelona: Kairós]
Ir al otro y volver del otro, no es un problema intelectual, es problema del corazón. Claro que uno pueda estudiar al otro, es más, es un deber hacerlo. Pero comprenderlo es algo distinto. Conocer la vida de los pueblos, hacer la pregunta necesaria que conduzca al saber, no sale del conocimiento del científico, sino del corazón del hermano o de la hermana. Sólo así es posible que las personas puedan salir de su mundo y entrar en los otros mundos.
[Kungiler Iguaniginape, 2003. Anmar Dule: Nosotros/as los/as Dule]
Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía...
[Shakespeare. Hamlet. Acto I, escena 13]
Durante tantos años de viaje, a menudo he conocido a personas que experimentaban una profunda intimidad con los lugares donde vivían. Es algo que he podido percibir, por ejemplo, en los pescadores del archipiélago de Solentiname, en el lago Nicaragua, así como en los artesanos de Peguche, en la sierra septentrional de Ecuador o en los ancianos agricultores de Sicilia, en Italia. Los kuna son unos de los últimos representantes de este conocimiento tan profundo que relaciona los seres humanos con el entorno natural al cual se sienten de pertenecer. Sus nele y sus saila han registrado en los cantos ceremoniales tocantes oraciones para el equilibrio cósmico. Estas paginas son solo un pequeño testimonio en imágenes de este mensaje.
Quiero recordar que las fotografías que las ilustran se han podido lograr gracias a la ayuda sincera de amigos como Jeronimo, Nelson o Alirio, que me han acogido en sus comunidades y que me han revelado el encanto de la cultura kuna.
De alguna manera, espero que este libro pueda servir para agradecer cuantos, como los hermanos Jhon y Oscar Botero, se dedicaron pacientemente, durante largas horas de conversación, a recordarme historias del Darién, de su selva, de sus ríos y de sus pobladores. El mismo agradecimiento lo debo investigadores y antropólogos como Jorge Morales Gómez, Carl Langebaek Rueda, Margarita Serje de la Ossa, Alexander Herrera Wassilowski, Claudia Steiner, Jaime Arocha, Luis Felipe Ardila y Angélica Ruiz Ramírez que, a través de su apoyo y de sus consejos, me han permitido continuar con mi investigación.
Estoy convencido que todo esto no habría sido posible sin la presencia de compañeros de viaje como Alfonso y Elisa (los zampopos que van siempre juntos...), los Maestros Carlo Candida y Juan Justiniani, Hernando y Camila (y la Mary Jo), David Amórtegui, Adel Ben Abdessamia, Alessandra Palma, Alessia Cecchini, Alessio y Gianluca Di Blasco, Carmelo Scordia, Colombe Eymard, Erik Fattorelli, Francesco Chionchio, Manon y Theo, los tres Marcos –Marco Emili, Marco Manzini y Marco Tinelli, Matthew Magak, Michele Pellegrino, Nir Penner, Rodrigo Carrera, Santiago Martinez, Tom Shneider, Roberta Perrone, Giulio Crescenzi o Francesco Maria, de los cuales nunca olvidaré la sensibilidad, el entusiasmo y la dedicación que siempre han mostrado hacia el rescate de la riqueza, la sabiduría y los valores ancestrales.
Finalmente, esta aventura la debo a mi familia y, sobre todo, a mis padres, que han despertado en mi la curiosidad por los viajes y la fotografía, además de haberme consentido durante treinta años de adolescencia.
Sin ellos, este homenaje al pueblo kuna no hubiera podido ver la luz.
Maurizio Alì, 2008